| Un ícono de la Virgen viajó junto con astronautas rusos |

Formó parte de la tripulación responsable de la misión Soyuz TMA-24. Se trató de una imagen de la Virgen de Kazán, muy venerada entre los ortodoxos. Fue obsequio del patriarca Kirill. Ícono de la Virgen, misión (espiritual) cumplida. Sí, porque esa imagen, entre las que gozan de mayor veneración entre los rusos ortodoxos, la donó en marzo el Patriarca de Moscú, Kirill, al entonces director de la Agencia espacial (Roscosmos) Anatoly Perminov.
«Espero que el ícono viaje a bordo de la nave que celebrará el 150 aniversario del primer lanzamiento de un hombre al espacio», había dicho el líder religioso, refiriéndose a la misión de la Soyuz TMA-24 que habría despegado hacia la Iss (Estación espacial internacional) el 30 de marzo y que estuvo dedicada a la mítica figura del astronauta ruso Gagarin. El Patriarca había añadido que «además de sus complejos e importantes deberes, llevarán a cabo también una misión espiritual con el ícono».
Y el 6 de noviembre, como indica la agencia Asia News, mientras todo el mundo celebraba la llegada del nuevo equipo de astronautas a la Iss, se veían, detrás de los viajeros espaciales que contaban sus experiencias, dos imágenes claramente: la del primer hombre en el espacio, Gagarin, y la de la Virgen de Kazán. Por lo demás, no es la primera vez que un ícono de la Virgen viaja al espacio: en 2009, la imagen de la Virgen María había viajado en la Soyuz TMA-16 y había llegado finalmente a la Iss.
Antes de despegar, la nave espacial fue bendecida en el cosmódromo de Baiknour (Kazajistán) por un sacerdote ortodoxo. Una buena noticia para Soyuz, que es el único medio para llegar a la Iss desde que la Nasa retiró sus "shuttles", y para el sector espacial ruso, que en los últimos años ha sufrido una serie de accidentes. Por el momento, en la Iss hay un equipo de astronautas formado por: tres rusos, dos estadounidenses y un japonés. Aunque un astronauta ruso figuró en su primer viaje al espacio no haber visto a Dios, como si el “Cielo” fuera un lugar físico solamente, Rusia vuelve no solo a expresar sino a experimentar una presencia de lo religioso en su vida nacional, luego de 70 años de comunismo ateo y antirreligioso.